30/3/10

Elvira Alejandra Quintero

Elvira Alejandra Quintero Hincapié

Nació en Cali, Colombia, el 11 de mayo de 1960.

Sus primeros poemas fueron publicados en 1979 en El Semanario del periódico El pueblo (Cali) y en la Revista de la Universidad del Valle y en 1982 los poetas Aníbal Arias y Javier Tafur publicaron su primer libro Hemos crecido sin derecho en el Proyecto Editorial Altazor.

Es Arquitecta y Magíster en Literaturas Colombiana y Latinoamericana. Su tesis de grado El pozo de la escritura, corresponde a su investigación sobre la primera novela del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, El pozo.

Fue ganadora en 1984 del Premio de poesía Antonio Llanos, en 1999 del Premio Nacional de poesía Ciudad de Chiquinquirá y en 2004 del Premio de Poesía Jorge Isaacs de Autores Vallecaucanos. Fue finalista en el Premio Héctor Rojas Herazo en 1983 y en el Premio Nacional del Ministerio de Cultura en 1998.

Ha publicado los libros de poesía Los nombres de los días, La Mirada de Sal, La Ventana-Cuaderno de Ana Ríos, La Noche en Borrador y Hemos crecido sin derecho y ha participado en Antologías de Colombia y otros países.

A partir de 2003 se vincula como profesora de literatura en la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad del Cauca. Actualmente (2010) realiza estudios de Doctorado en Letras en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, Argentina, donde investiga sobre la obra del escritor colombiano Andrés Caicedo.

Blog: http://elviraalejandraquintero.blogspot.com/



Bibliografía

El pozo de la escritura. Enunciación y narración en Juan Carlos Onetti: Colección Trabajos de la Maestría. Escuela de estudios literarios, Universidad del valle, Cali, 2009.

Los nombres de los días: Colección Poemas Humanos, Ediciones Veramar & Revista Escarabeo, Bogotá, 2008.

La Mirada de Sal: Premio Jorge Isaacs 2004, Biblioteca de Autores Vallecaucanos, Cali, Colombia, 2005.

La Ventana-Cuaderno de Ana Ríos: Colección Escala de Jacob, Universidad del Valle, Cali, 2002.

La Noche en Borrador: Premio Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá, Alcaldía de Chiquinquirá, Colombia, 2000.

Hemos crecido sin derecho: Editorial Altazor, Cali, 1982.

 
El goce (Los nombres de los días)


Ella habita el mundo que le dejó su padre.
padre recio y tierno,
Cuando se levantaba en la niñez a jugar frente al espejo,
Haciendo muecas para que ella riera.

Parece que se hubiera detenido la vida.
Los días de la pasión en el bosque, con su amado, están tan lejos.
Tan lejana la gloria y la dicha, el deseo de correr en las calles desocupadas.

¿Hace cuánto sus labios no besan?
¿Hace cuánto no recorre la electricidad su cuerpo?

Y los pasos,
¿Hace cuánto la llevan nada más que a los sitios permitidos, bajo toda la luz del día, en qué obediencia?



El olvido (La venta-Cuaderno de Ana Ríos)

La niña que fui se empina para mirarme.
Me da un codazo. Me pregunta si he olvidado la pregunta.
Le digo que no he cesado de repetirla.
Su mirada se vuelve más redonda.
Le digo que no tengo la respuesta, es más, la pregunta ha crecido.
Otra niña se nos acerca intrigada. Soy yo unos años después.
Nos muestra un viejo cuaderno y contonea su cuerpo con vanidad.
Dice que escribe. ¿Recuerdas?
Nos habla de un príncipe que toca el violín y ha desterrado de sus sueños el silencio.
Le digo que se ha ido.
Me grita que no me meta en su vida, que le deje su paz.
Le digo que la perderá lo mismo que al príncipe.
La niña que primero fui interviene. Pregunta si un príncipe es algo tan valioso como para formar la guerra entre nosotras.
Me preocupo.
Temo que las muchachas que después fui aparezcan ahora preguntando cada una por sus tesoros.


Los amigos (La mirada de sal)

Pequeña felicidad trae enero y el tiempo que se estrella en el pasado.
Largas cuentas
Filas donde pasan los amigos haciendo señales aún sin descifrar.
Y dan ganas de cambiar los nombres a ciertas cosas aparecidas bajo el moho de los rincones
Allí donde las imágenes descubren un largo aliento que traían oculto en las palabras, pero entonces no sabíamos que era por eso.
Largas cuentas de días sin verlo como luces que dudan en la distancia.
Como el amor, que pone sus misterios a arder cuando la sombra es pequeña, móvil y quebradiza sobre los charcos donde vuelan los zancudos.
Maravillosos bichos libres, volando sin tiempo sobre el mundo.