18/10/10


"Yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón..."
                                         Antonio Machado

12/10/10

José Zuleta Ortiz


Nació en Bogotá el 23 de octubre de 1960, vive en Cali desde 1.969



Fundador y codirector de la Revista de Poesía Clave. http://www.revistadepoesiaclave.com/ y codirector de la revista Odradek, el Cuento http://www.odradekelcuento.com/  
Orienta el programa Libertad Bajo Palabra en 10 cárceles de Colombia.    


Distinciones: 
Ganador del Primer premio nacional de poesía "Carlos Héctor Trejos" 
Riosucio Caldas 2002, con el libro "Las Alas del Súbdito."    
Premio Nacional de Poesía  "Descanse en Paz la Guerra" con la obra "Música Para Desplazados," convocado por la Casa de Poesía Silva de Bogotá en Mayo 23 de 2003
Segundo Premio Internacional de poesía convocado por la Universidad De San Buenaventura, con el libro Las Manos de La Noche  Cali Abril de  2007 
Premio Nacional de Literatura Ministerio de Cultura de Colombia 2009 con el libro de cuentos Ladrón de olvidos  


Ha publicado:
La Alas del Súbdito       (Poesía) 
La Línea de Menta        (poesía) 
Mirar Otro Mar               (Poesía)
La Sonrisa Trocada       (Relatos)
Emprender la Noche      (Poesía)
Las manos de la noche  (Poesía) 
   
En la web:

 En el centro virtual Isaacs 
  Su blog



Desde el jardín 

En un hilo desciende… 


Instalada en el aire
teje la transparencia,
atrapa vuelos en la urdimbre    
y amortaja con sedas claras,  
las víctimas de su ingenio invisible.


Amanece, 


la lluvia y el sol 
han hecho de su red una gran lámpara:
pendiendo de los hilos del aire 
miles de gotas atrapan la luz,   
el collar de cuentas líquidas relumbra, 


arañando el aire 
por una hebra libre sube al milagro.






  Restauración 


            Nave donde viajan los sueños 
            fuego donde se cocinan los días
mansa estación 
amparo de intemperies
en su luz restaurada 
florecen las palabras


Sobre frescas baldosas 
                                   nuevos pasos pasan
la brisa doméstica en el patio
                    entretiene la tarde
están en el hombre  
                                 las pisadas de arroz de la torcaza


las manos del muchacho 
son de música 
la voz de Pablo conoce 
                                               los zócalos bermejos


y las blancas alturas encaladas. 
            La casa,  mansa estación 
                                                de horas serenas


de olvidos y fulgores 
                                   de llegadas tardías… 


 la razón oscila 
 abraza desvaríos la mañana
tal vez la lluvia escampará en la tarde 


tal vez el sol riegue las flores,
al fondo 
                        cantan,
                                               la jaula vacía
                                                              una sombra asustada 
                        en el pecho 


                                    un corazón toca la seda.


                     A Horacio Benavides 







Sueño del injusto


Les he visto abatidos 
bajo la sábana de alguna vecina
ocultos ya los actos del silencio
libres de los designios del cielo
la huída sin pausa concluida.
La veloz furia sosegada.
Los tatuajes y las cicatrices 
medallerías de la breve carrera,
serenos, afín plácidos, cubiertos 
por el sudario del silencio
he visto a los muchachos 
en la paz del pavimento.   






Motel Santa Bárbara


La portera  
Indica el lugar a los amantes,
espera a que el auto entre, 
cierra la puerta… 
cansada
en el fondo de la noche 
dormita entre gemidos, 
música de placeres,  
quejumbres, ahogamientos…


sueña:  Un muchacho le canta, 
sueña su alegría y su risa respirándola,
sus aguas se incendian  
un vuelo la recorre
el coro de felices lamentos 
la despierta,
no sabe ya, si será de ella el sonido de esa dicha.








Visita conyugal


La muchacha va a la visita conyugal
lleva un tesoro oculto en su vientre
después de ser sellada 
pasa la primera puerta, 
manos de centinela la tocan 
le miran los pechos,  
revisan sus nalgas, requisan su sexo,
La dejan seguir…
Llega a la segunda puerta.  

Pronuncia el nombre de su hombre,
él viene por ella. 

En la celda  sacan de su adentro 
una sustancia exquisita.

La fuman… retozan 
Él la sella con sus labios   
mira sus pechos, 
las manos que aguardaron la tocan 
revisa sus nalgas, requisa su sexo      
traspasa la puerta, pronuncian  sus nombres, 
algo se libera…

La muchacha sale de la visita conyugal, 
no sabe que lleva un tesoro oculto en su vientre.






Grumete 


Aquí, mientras arde la noche 
comprendo: sólo fui 
un tripulante más 
de tu  espléndido cuerpo  
que viaja a la deriva.








Tomados de las manos


Hace años 
las ardillas viajaban 
de la costa atlántica 
a la costa pacífica,   
de rama en rama
sin bajar al suelo.
Era cuando los árboles 
estaban tomados de las manos
jugando a la ronda de los bosques.