2/11/09

René Arrieta Pérez


Nació en El Carmen de Bolívar, Caribe colombiano, en 1970. Filólogo, periodista y estudiante de doctorado en Literatura Española e Hispanoamericana, Universidad de Salamanca. Ha publicado Bodegones, He olvidado su nombre, Salmos del segador de mieses, Otras Voces, Antología poética. En España ha sido antologado en los libros de poesía: El corazón de la palabra, La tierra en las entrañas, Los poetas y Dios. Miembro de la Tertulia Atril de Salamanca, y colaborador de las revistas. Álamo, El cielo de Salamanca, entre otras.  

Premio Casa de Poesía Silva (La poesía tiene la palabra) 1991, Finalista Premio Nacional de cuento Caribe, 1992, Premio de poesía Universidad de Cartagena, en dos ocasiones (1993-94), y Premio Nacional de Poesía Jorge Artel, segundo puesto, 1994.

Se ha desempeñado como profesor universitario en distintas universidades en Cartagena de Indias. Está radicado en España desde 2001.


CON MARÍA EN EL POELIEDRO


IX


Aunque  puedas rubricarlo
Con el uso de los sephirotes
Tal vez  te digas que no
Y es preciso que intentes
Escribir el verso que cuente los últimos instantes de tu vida
Ese verso ritual que analoga universos
Ese mismo verso que en cifras fatalistas
Escribió en Samos
                              Leurípides de Calamata

Ese mismo verso
                             Órfico
                                         Aciago
                                                       Absoluto
 del poeta.



ÉL, DESEOSO DE ELLA

SÓLO RECIBIRÁ REPROCHES.


El apetito sexual del guerrero
encontrará la negación del sexo
porque ella
decidió disolver los ejércitos.

Todas portarán estandartes
                                     blancos
por orden y señal de Lisístrata,
y reprocharán la guerra.

Él, soldado y amante,
guerrero y esposo,
deseará su cuerpo,
querrá embriagarse con su olor
           de violetas,
y sentir
             sensuales
 las finas sedas
que le visten el cuerpo.

Ella, soberbia
sólo esgrimirá reproches
contra él y la guerra.



NUNCA MÁS, NUNCA MÁS


En medio del fragor de las bombas
los derviches merodean los palacios de Bagdad
el estupor se adhiere a los poros
las plegarias se fragmentan como granadas

Han pasado una   y    otra    e infinitas noches

Aguanta una noche más Sherezade
Tu piel  
           tu sangre
                           tu espíritu
se renovarán con el fuego

Bagdad
            aguanta una noche más

En las húmedas orillas del Eufrates y el Tigris
Eliot se revuelca entre ajos y zafiros en el fango
y en las cornisas de una morada blanca
Edgar Alan Poe escucha un graznido
que grita nuevamente
"Never more"  "Never more"

Bagdad
             aguanta una noche más

Ni sábanas blancas
ni bolsas negras de polietileno
Los niños     mujeres    y     ancianos
que yacen en el suelo
son recogidos con las dentadas
palas retroexcavadoras
y lanzados a las volquetas
--herrumbrosas carrozas funerarias—
que atesoran montículos de muertos

Bagdad
              tal vez no te quede otra cosa
que reconciliarte con la sangre y  el fuego

Bagdad
            aguanta una noche más

En sus plácidos jarales
Omar khayyam escanciará una copa de vino
y escribirá nuevas Rubaiyat
escribirá con tristeza y desasosiego
escribirá sobre astronómicas distancias
sobre máquinas de guerra
sobre el amor y el odio
cuerpos lacerados
sangre derramada
correntosa      inocente    y         pluvial

Y allí
        en Ciudad Zader
niños que en otros tiempos
corrían sonrientes entre los palmerales
redundan con sus cuerpecitos trémulos
con miradas lejanas
galopantes en otros reinos

Los cañonazos suenan
y caen abatidos los cuerpos
 sangrantes
en la noche

Luego
 son semillas diseminadas al alba
Forzosamente se cumple un antiguo mandato
-a la tierra lo que es de ella-
En el campo de exterminio
cerca de los ríos
tal vez los cormoranes pescarán piedras preciosas

¿Y qué puede  ahora la palabra contra todo?
Contra la muerte y el hambre
la tristeza y el escombro
si están las balas segando las miradas
y el paisaje está siendo asolado por los tanques

Bagdad
             aguanta una noche más

Qué puede la palabra
cuando la mirada explora


 en yacimientos de dolor
es combustible la ira y la indignación
Y
en estos campos oficia el crudo y  refinado arte de matar

La pupila se calcina
temblorosos los labios musitan
el silencio cabalga sobre vastos territorios

Qué puede ahora la palabra
qué puede mi pluma
qué puede mi deseo
qué puede este dolor.

Bagdad
              aguanta una noche más.

René Arrieta Pérez

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